lunes, 2 de mayo de 2016

ARTICULO: A ARCOS DE LA FRONTERA POR SU ARTE (2001)

Imagino cuánto disfrutarían los viajeros románticos al aproximarse al serrano pueblo de Arcos. Sólo con la contemplación de su entorno y la majestuosidad de su castillo allá encima de la peña debió ser por  aquellos tiempos un auténtico espectáculo.
Ya desde nuestra juventud Arcos nos sobrecogía. Tenía para nosotros una magia que nos llevaba a visitarlo, realizando frecuentes excursiones en los medios que podíamos por entonces.
Arcos nos llenaba de entusiasmo por la belleza de su sierra, su lago, sus pantanos. ya en el pueblo por sus innumerables callejas jalonadas por los grandes sillares de sus monumentos.

Ahora Arcos nos sobrecoge por su arte. Entre las ofertas que tiene la provincia de Cádiz, el pueblo de Arcos puede estar orgulloso de contar con una de las más importantes colecciones de pintura antigua. Importancia en cuanto a su factura y belleza pero sobre todo, por la densidad de obras de arte que en la iglesia de Santa María de Arcos de la Frontera existe. Esta iglesia alberga para mi gusto la mejor colección de pintura religiosa que en nuestra comarca pueda contemplarse en cuanto al numero de obras por metro cuadrado.
Este aspecto de nuestro cercano y querido pueblo de Arcos no es apenas conocido y por tanto, muchas veces pasado por alto por sus visitantes, los que disfrutan del pintoresco enclave, sus calles, su gastronomía y sus hermosas casas blasonadas cuyas fachadas porticadas de cantería se abren al visitante para ofrecer la visión de hermosos patios con logias de airosos arcos sostenidos por columnas de mármol o piedra. Casas que en el barrio alto se suceden para mostrarnos el esplendor de una de las historias más importantes de nuestra provincia.
Arcos es un alminar desde el que el absorto forastero admira un paisaje histórico y natural único, el visitante puede después continuar con la contemplación del interior de la Iglesia de Santa María de Arcos de cuyas paredes penden telas y tablas en magnifico estado de conservación. Además de los retablos y esculturas son de admirar  los soberbios óleos como el de la Virgen de la Leche, obra de primera calidad del siglo XVI de gran empaque y sobresaliente ejecución. O aquella otra pieza cumbre que sobrecoge a todo aquel que se adentra en la sacristía y contempla a la Virgen con el niño en los brazos, obra de la paleta del gran maestro Alonso Cano. Cuando los conocimientos del arte de la pintura, color, dibujo, anatomía, perspectiva, claros oscuros y demás recursos y técnicas estilísticas están recogidos y resueltos con la absoluta maestría que en esta obra se puede observar, estamos hablando de un auténtico maestro.
El conjunto como decimos de esta Iglesia es muy interesante, no sólo por su pintura, sino por los retablos que en ella existen siendo de destacar el principal, como también el tan exquisito de San Félix que por su preciosa factura enclavamos en el siglo XVIII.
El visitante no pude dejare de observar la calidad extraordinaria de las pinturas murales catalogadas como bien de interés cultural. Una soberbia talla de un ángel que nos hace pensar en La Roldana. Un curiosísimo confesionario para sordomudos.
Como en todas las colecciones, en la Iglesia de Santa María de Arcos no podían faltar obras de segunda que al haber sido restauradas y puestas en valor dan coherencia al conjunto: como es su apostolado, los lienzos de Santa Lucía y Santa Bárbara; o la Salta Faz, que se halla colgada en la capilla del sagrario, pintura con detalles zurbaranescos pero que ni su época ni su calidad pictórica corresponden a este maestro.
La Asunción de la Virgen es otro cuadro que el visitante de esta iglesia no espera encontrar: de composición triangular tiene en su vértice central la cabeza de la Virgen, que es la figura principal coronada por un “Rompimiento de Gloria” y rodeada por una aureola de angelitos. Esta composición aunque muy teatral es una buena obra cuyo autor la ha enriquecido con su técnica colorista.
Otro de los cuadros dignos de contemplación es un óleo sobre lienzo del siglo XVIII. Una Inmaculada que no perteneciendo al prototipo de Pacheco no de Murillo conserva los atributos de aquella época: muy  rica en su ornamentación, profusamente adornada, de composición compensada, es obra de una paleta también muy colorista de delicadas pinceladas con toque de auténtico virtuosismo en el tratamiento.
Esta colección que se la ve colgada y restaurada con sumo cuidado, tiene que ser obra de un aficionado o aficionados cuyo buen gusto e interés por el arte hacen que el conjunto que se muestra en Santa María de Arcos sea de primera. Como decíamos no falta de nada, poseyendo un apostolado que en muchas  de nuestras iglesias y catedrales han desaparecido no solo durante la desamortización sino en los años, 50, 60 y 70 en los que fueron expoliados, vendidos, etc, como también lo fueron los muebles de sacristía y otros ornamentos sacros que reconocemos en las tiendas de los anticuarios.
Es por lo que la Iglesia de Santa María de Arcos nos satisface sobremanera porque en ella se conservan todas estas obras de arte, patrimonio de la villa de Arcos.
Felicidades Arcos.

 Fuente: Rafael LLorente Herrera - Diario de Jerez - 06/11/2001

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