martes, 31 de mayo de 2016

LA CUSTODIA DE SANTA MARIA, DE ARCOS DE LA FRONTERA. (1968)

Con motivo del Congreso Eucarístico Arciprestal que se celebrará en Arcos de la Frontera durante los días 21 al 28 el presente mes, será utilizada la Custodia de Santa María para alojar al Santísimo Sacramento en su salida procesional, por lo que he considerado oportuno la publicación de estas notas, en que se detallan las características de esta joya singular, acompañadas de una breve referencia histórica de la familia de que la misma procede.



La ilustre familia de Valdespino tuvo solar primitivo en la provincia de Santander, cerca de Ampuero, de donde vinieron a Andalucía para la conquista de la Frontera, en donde se quedaron como pobladores, formando parte de la primera nobleza. Cuentas las crónicas que cuando la nobleza jerezana tomó parte en la batalla del Salado, ganada en 1340, y tuvo que elegir a los capitanes que la dirigiera, fue electo, precisamente, don Alonso Fernández de Valdespino, para que comandase la tropa y llevase el Pendón de la ciudad. Y como Don Alonso XI premiara si arrojo armándole caballero de batalla, el insigne Valdespino adoptó por divisa de su escudo, sobre el espino de oro que era emblema "parlante" de su apellido, la banda con dragante que era la insignia de la Orden con que fue condecorado, para formar el blasón de familia que hoy honra a sus descendientes.
Otro don Alonso, hijo del anterior, se distinguió en 1425 en la batalla del Rancho, porque, habiendo vencido a Abdala Granatexi, alcaide moro de Ronda. hizo prisionero al sobrino de éste. Hamete, al que retuvo en su casa hasta que don Juan II mandó por él en una carta, fechada en Toro, el 16 de febrero de 1427, según refiere Bartolomé Gutiérrez en los anales de Jerez de la Frontera, del año dicho.
De esta familia jerezana, que tenía su enterramiento en la Iglesia de San Salvador, y su casa solar en la calle que dicen de las vacas, según reza un antiguo documento, procedía don Alonso Fernández de Valdespino y Rojas, familiar del Santo Oficio de la Inquisición, que vino a Arcos a finales del siglo XVI para casar con doña catalina de Cuenca y del Castillo -de donde nace la vinculación del linaje con esta ciudad-, abriendo casa principal en el número 7 de la calle Boticas -hoy Marques de Torresoto-, en cuya fachada luce en azulejos el escudo con la banda y en espino y la Virgen de las Nieves, como expresión del fervor mariano de esta estirpe, una de las que más habrían de ayudar a la parroquia de Santa María en el pleito que sostenía sobre preeminencias contra la de San Pedro a favor de la primera el Tribunal de la Sacra Rota Romana, el 11 de abril de 1764.
Tercera nieta del referido matrimonio fue coña Leonor María de la Antigua Fernández de Valdespino, hija de don Alonso y de doña Leonor María Caballero y Andrade, de cuya memoria se conserva en Arcos particular recuerdo. Nació en la referida casa de la calle  Boticas, el 6 de enero de 1691, y desde la cuna hasta el sepulcro resplandeció con el boato propio de su lustre y calidad. Bautizada con gran pompa el 16 de febrero siguiente, en la Iglesia de Santa maría, figuraban en la brillante comitiva su tío don Francisco, que era caballero de Calatrava, capitán de la Real Armada y paje de su Majestad -que la llevaba en brazos-, y que andando el tiempo había de ser su suegro, como padre de su futuro marido, don Alonso, a la sazón de siete años; don Andrés Dávila y Mirabal, también caballero de Calatrava, que llevaba las mantillas, y don Alonso Fernández de Valdespino, caballero de Alcántara y Veinticuatro perpetuo de Jerez que fue su padrino. Falleció en la misma casa de su morada, el día 31 de diciembre de 1765, recibiendo cristiana sepultura el siguiente 1 de enero en la misma iglesia parroquial, con fastuosidad son procedentes siendo llevado su cadáver en el seno de un cortejo fúnebre impresionante, formado por cincuenta y dos eclesiásticos, según relación nominal que tengo a la vista.
Mas, antes de partir de este mundo, quiso dejar testimonio perdurable de su devoción filial a la parroquia de Santa María, de la que era feligresa -en recuerdo también del memorable triunfo obtenido por ésta en el pleito a que antes nos referimos-,. encargando al orfebre sevillano don José Alexandre y Ezquerra una pieza de excepcional valor y mérito, que hoy es orgullo del tesoro parroquial: una Custodia de plata y Oro, engastada de diamantes, perlas y esmeraldas, que ella no pudo ver, porque no estuvo concluida hasta el 26 de mayo de 1768, según cuenta detallada que se conserva. Es de un bello estilo rococó, y mide sesenta y cuatro centímetros de altura por treinta y un centímetros y medio de diámetro, en sus dimensiones extremas. El pie, que es de plata sobredorada, tiene cuatro ángeles cincelados en los ángulos, que sostienen racimos de perlas que figuran uvas, y en el nudo, un pelicano alimentado de su mismo a tres polluelos, que es el símbolo del amor eucarístico. El ostensorio, que es de oro purismo, tiene la forma de un sol, rematado en y una cruz de gruesas esmeraldas en forma de pera. Y el viril -que en sentido estricto es el cristal en que se aloja la Hostia-, está encajado en una filigrana de diamantes tablas y rosas, rodeada a su vez de una aureola -ya sobre el ostensorio-, que es de esmeralda por la cara anterior y de perlas por la posterior. Por el borde de la base corre grabada una inscripción  con el nombre de la donante y el año de la ejecución. He aquí el material invertido en ella: 1.643 kilos de oro de ley; 3.220 kilos de plata de ley; 232 esmeralda, con peso de 132,5 quilates y 101 diamantes tablas y rosas, con peso de veintiún quilates y medio grano. Su valor de coste fue de 46.586 reales y doce maravedíes, siendo el actual técnico, a titulo de orientación, apunte la cifra de seis millones de pesetas.
Se dice por la tradición que la esmeralda de mayor tamaño, que estaba colgante y tenía forma de lágrima, fue desprendida y vendida, para con su importe sufragar los gastos de una obra de reforma en la Capilla del Sagrario, lo que parece confirmarse por la note de las esmeraldas empleadas, que habla de una pieza que tiene al aire, bajo del cirulo de la que hoy carece esta joya.
Hijo de doña Leonor María de la Antigua y de su esposo y tío, don Alonso Fernández de Valdespino, fue el presbítero bautizado en Santa maría, eñ 17 de enero de 1720, fallecido el 7 de noviembre de 1793, y enterrado también en Santa maría, con gran ceremonia; no sólo asistió todo el clero de dicha parroquia y el de San Pedro, sino también cuatro comunidades religiosas, además de la Orden Tercera, gastándose 49 libras y media de cera, porque se iluminaron todos los altares y se le dio cera a las comunidades y a la música por cinco responsos. Insigne benefactor de Santa María, como proclama su lauda sepulcral, regaló en 1770 a dicho templo una monumental corona de plata de ley, para cobijar la Custodia que donara su señora madre, bajo el dosel de terciopelo carmesí, recamado de oro, que todavía se pone el Altar Mayor para la Octava del Corpus Christi. Hablando con precisión, diríamos media corona, porque hecha para adosarla al dosel, sólo se trata de la mitad visible. Mide dos metros por su parte más ancha y 1,82 metros de altura, estando formada por un medio circulo con sobrepuestos dorados, superados de bellos florones, típicamente dieciochescos, de los que salen cinco diademas con cabezas de ángeles doradas y sobrepuestas, cuyas diademas se unen bajo un mundo rematado por una cruz, constituyendo un conjunto grandioso de línea elegante y artística.
Hizo esta soberbia joya el propio artífice sevillano don José Alexandre Ezquerra, que era compadre de don Alonso Nicolás, por precio ligeramente superior al de la Custodia, ya que alcanzó el de 50.535 y 3/4 reales de vellón, habiéndose invertido en esta obra cuarenta y tres kilos y cuatrocientos noventa y dos gramos de plata de ley. Una inscripción en dos medallones laterales consignan el nombre del donante y el año en que se hizo.
Mas, no son estos los únicos presentes que existen de los Valdespinos en el tesoro parroquial de Santa maría. Quede para nueva ocasión referimos a otras dádivas de esta ilustre familia, que supo dejar, a su paso por Arcos, a manera de perfume, un testimonio de su lustre y esplendor tan perdurables, que se mantienen fragantes después de seis generaciones.
Fuente: José Antonio Delgado y Orellana. ABC Sevilla - 21 de abril de 1968.

No hay comentarios:

Publicar un comentario